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Cuentos…

Érase una vez… Una chica ciega que se odiaba a sí misma por serlo. Odiaba a todos, menos a su novio, él siempre estaba allí para atenderla. Un fría mañana, le dijo, “si pudiera ver el mundo, me casaría contigo”. De repente y sin esperarlo, alguien, donó un par de ojos para ella.
Después de una larga operación, de el sufrimiento que acarreaba todo aquello para aquel chico tan enamorado, retiraron el vendaje de los ojos de la preciosa chica. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, se dio cuenta que podía verlo todo, incluido a su fiel compañero.
Al instante, el la pregunto: “Cariño, ahora que ya puedes ver el mundo, ¿quieres casarte conmigo?” La joven le miro, dándose cuenta que el chico era ciego. La apariencia de sus párpados cerrados la impresiono, nunca se lo había imaginado así. La idea de verlo el resto de su vida de aquella manera la llevo a negarse a casarse con él. Aquel pobre muchacho, su novio, la abandono entre lágrimas con todo el dolor de su corazón. Días más tarde, la escribió una nota que decía: “Cuida bien esos ojos, mi amor, porque antes de ser tuyos, fueron míos”
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Ustedes no entienden la vida…

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Cosas y Pelo

¡¡¡¡Mi primera feria del libro!!!!

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Vivimos una vida que no es nuestra, viajamos en un vagón en el que como nosotros, hay muchos más. Guiados por un maquinista que no mira hacia delante, que no busca que el tren llegue a su destino, si no un destino propio, un viaje único hacia quien sabe como. La pena que todo esto causa, supera con creces la felicidad que deberíamos derrochar al vivir en un mundo que nos ofrece tanto. Abrazos que no dan calor, sentimientos que dejan indiferente, palabras que no llegan y nobleza que se transforma en tiranía. Me siento orgulloso de donde vivo, ando por adoquines que conocen mis pisadas y lloro de alegría cuando mis recuerdos me hablan de mi pasado, pero vosotros lo estáis destruyendo, aniquilando, haciendo que nuestras generaciones venideras carezcan de un patrimonio y un amor hacia las calles que les van a ver nacer. País, en tan sólo cuatro letras conseguisteis avergonzar a millones de personas, millones de vidas que se sienten felices al mirar a un sol que dejo de alumbrar hace muchísimo tiempo. Nos hablasteis de libertad, de unidad, de solidaridad, de respeto, vosotros, que comandáis un territorio en el que personas con un mismo pasaporte luchan por desvincularse de su tierra madre, en el que el respeto paso a ser tan frágil que sólo con intentar pronunciarlo se desvanece, en el que la libertad es tan dictatorial que vosotros sois los que decidís cuando debemos pensar en nuestro futuro. Por todo ello les doy las gracias, porque gracias a personas como ustedes aprendo que es lo que no quiero ser en esta vida.

Un apolítico que solamente llora palabras sin sentido.

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