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Deseo

Mientras tanto, jugábamos a querernos sabiendo que era mentira. Pensar que todo este tiempo lo estábamos tirando a la basura, me hacia no poder mirarte como el día que nos conocimos. Tú te reías sin querer y yo apartaba mis manos de ti porque sentía escalofríos al notar tu contacto. ¿Alguien podría explicarme por qué eso se acaba? Pues yo diría que todo se termina, cuando deja de doler, cuando el corazón empieza a latir de la misma manera que siempre. Por qué tu me alborotabas los días y yo peleaba por intentar seguir con mi vida adelante, era precioso. Pero eso, eso que tanto desordenaba mis días, eso que hacia que no entendiera nada pero a la vez lo comprendiera todo, eso que me hacía temblar sin poder controlarlo, en el fondo, era lo que movía mi felicidad haciéndome reír constantemente. Tus ojos impregnaban de vida un sentimiento que hacia años se había apagado. Que rabia que ya no exista nada, que rabia que se haya apagado la luz de una habitación que se llamaba deseo. Ese era tu nombre, deseo. 

Manuel Montalvo

  

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