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Cuentos de vida

Hoy os quiero contar un cuento, cambio mis relatos por algo que me hace tanta ilusión que se me hace un nudo en la garganta al leerlo. Desde siempre los cuentos han sido parte de mis sueños y este fue uno de ellos. Ahora me veo capaz de transformarlo y redactarlo a mi manera, espero que os guste y sobre todo, os haga pensar. Feliz día. 

Esta es la historia de Nicolás Shuderlend, reconocido escultor mitad alemán y mitad judío. Poseía una hermosa familia compuesta por; Erika, su mujer y Bryan, hijo del matrimonio con tan sólo cuatro años de edad. Las frías calles de Berlín los acogían en su seno haciendo que el patriarca desarrollase una creatividad especial. Por aquellas fechas, el famoso artista, preparaba con toda la ilusión del mundo lo que iba a ser la exposición más esperada de toda su carrera. La semana de antes, quitándose incluso horas de sueño y reduciendo su vida familiar, vivió única y exclusivamente para llevar a cabo todos los preparativos de dicho evento. Esto le iba a catapultar al estrellato artístico y le reafirmaría como autor, consolidando su posición social. Un día antes del esperado acontecimiento, en aquel precioso lugar que él mismo había decorado con sus propias obras, su mujer e hijo decidieron hacerle una visita ya que prácticamente no habían podido disfrutar del calor que les brindaba el padre de aquella unida familia. Erika maravillada ante tanta belleza creada por el que era su esposo, le pidió que hiciera de guía y le mostrará la realidad de cada una de sus obras. Mientras tanto Bryan, inocente y juguetón, correteaba por los cuartos adyacentes simulando con su propio cuerpo un antiguo caza alemán. El escultor, maravillado por sus propias creaciones, daba vida a cada una de ellas ante la atenta mirada de su amada esposa. 
Bryan, ¿dónde estás? Deja de jugar y ven aquí con papá y mamá.      
La mujer después de haber estado absorbida y fascinada por la ilusión que desprendía aquel hombre al hablar de sus creaciones, decidió ir en busca de su hijo. Buscando entre los recovecos de dicha galería, por fin le encontró. El chico estaba quieto, cabizbajo y apoyado contra una pared. 
¿Qué te pasa hijo? 
Al terminar aquella pregunta, pudo observar el motivo del estado en el que se encontraba el niño. La mujer sin poder evitarlo comenzó a llorar al ver gran parte de la vida de su marido echa añicos, esparcida a pedazos por el suelo de aquella sala. El crió, como niño que era, jugando debió romper sin querer algunas de las obras de aquel escultor Alemán. Al escuchar a su mujer llorando, Nicolás fue en su encuentro. 
Nicolás, por favor, es sólo un niño no…
Antes que pudiera terminar la frase, el escultor envuelto por una ira desmedida, comenzó a golpear al joven en los brazos y en las manos sin ningún tipo de contemplación, olvidándose por completo de que el que tenía allí presente era su hijo. La madre no paraba de llorar al ver tan terrible escena. 
¡Por favor! Nicolás déjale ya, le vas a matar. 
Tirándose encima de él, intentando defender a aquel pobre niño, consiguió con toda la rabia que puede llegar a desarrollar una madre detener aquella barbarie.

El crió quedo tendido en el suelo, inconsciente, con innumerables heridas provocadas por una furia totalmente descontrolada. La madre lloraba desconsolada agarrando fuertemente entre sus brazos al que era su primogénito. El llanto de la mujer dolía sólo con escucharlo. Nicolás, después de recuperar la coherencia, no daba crédito a lo que ahora veían sus ojos. La gravedad de aquella agresión fue tal, que tuvieron que hospitalizar al pobre niño.
A los pocos días, una llamada de la mujer sobresaltó a Nicolas pidiéndole con urgencia que fuera corriendo al hospital. Las heridas se habían complicado y sin poder remediarlo, los médicos tuvieron que amputar las manos del pobre niño.

El padre, totalmente desconsolado, llorando como si le fuera la vida en ello, entró en la habitación donde se encontraba su hijo postrado en una pequeña cama. Al ver a su papá entrar, una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de aquel niño. 
¡Hola Papi!, ya aprendí la lección, te prometo que nunca más volveré a romper tus juguetes, pero por favor, devuélveme mis manitas. 
Aquel hombre, no pudo aguantar tan terrible escena, salió de aquella habitación y sin que nadie pudiera evitarlo, se suicidó…
Cuidad de lo que realmente queréis, porque lo material no es tan importante como la felicidad de los que nos quieren… Las cosas se pueden arreglar o sustituir, los sentimientos no. 

Manuel Montalvo 

Instagram:@manuelmontalvoruiz 

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