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Mi felicidad… Y la vuestra.

Miramos a lo lejos, no vemos nada, intentamos descubrir un infinito que todavía nadie inventó. Nunca fuimos nada, solo somos una milésima de lo que en realidad podemos llegar a ser. Insisto en buscar un lugar que sea compatible con mi felicidad, dibujar con pinceles inexistentes sonrisas que al observarlas no podamos quedar indiferentes. Reboso alegría, tanta que contagió, tanta que almas tristes que caminan por mi mismo sendero terminarán riendo sin saber cual es la razón real de ello. Vivo, mejor o peor, pero vivo. Aprovecho los minutos abrazándome fuertemente a unos sentimientos que me ayudan a llevar bien erguida mi postura. No puedo ser hipócrita e intentar dar la panacea de el por qué de estos sentimientos tan intensos, cada uno debemos ser nuestro propio buscador, nuestro propio alquimista. Aprender de quienes sonrían, porque en ellos esta la única manera de vivir, si, eso es, vivir, tanto, que perdamos el miedo a morir porque en realidad nuestros días fueron realmente días.

Manuel Montalvo

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Belleza solitaria

Todos se dieron cuenta, hasta tu misma, hasta la primavera quería llegar antes para poder compartir su vida con la tuya. Un día vi al universo esconderse tras una esquina, para no tropezarse con algo mucho más grande que el mismo. Las hojas se caían a tu paso y tu no entendías nada. Después el sol te dijo que te miraras a un espejo, pero no a cualquiera, porque realmente reflejar una belleza tan exagerada, no sería fácil. Recuerdo con claridad ese primer día, lo recuerdo con tanta intensidad que no puedo evitar cerrar mis párpados para que no se escape nada de ti. Te tenía frente a mi, rebuscando entre tu cabello, haciendo de un gesto como el peinarte, una verdadera obra de arte. Alisabas tu pelo con tus propios dedos, simulando un magnífico y sencillo cepillo. Luego llego el contacto con tus ojos, fue tal, que no creo que nadie pudiera aguantar tu mirada más de unos segundos. El gris intenso se colaba por los míos, impactado directamente contra mi cerebro, o no, más bien contra el centro de mi corazón. No sabía si había dejado de latir, o es que la fuerza con la que me miraste me sirvió de anestesia ante cualquier reacción que pudiera llegar a tener. Cuando conseguí despertar de aquel embrujo, me fije en el contorno de tus facciones, en como un ser podía haber sido cincelado con tanta delicadeza, con una perfección que daba miedo sentir, no fuera que se desvaneciera tras un simple suspiro. Luego tu cuerpo, delgado, recubierto por una piel transparente, del mismo color que las avellanas, cuidada y perfectamente tersa, a simple vista. Cuanto en una sola misma persona, cuanto en un mismo lugar, cuanto en una simple mirada.
No pude evitar decírtelo, no pude contenerme ante algo que quizá nunca volviese a ver… ” un día te darás cuenta que haces tanto daño, que ya es demasiado tarde” 20140804-155834-57514375.jpg

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Ustedes no entienden la vida…

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Cosas y Pelo

Buenos momentos…

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